Soy una mujer de 32 años, casada.
Confieso que desde hace un año me atiende un médico clínico bastante mayor y pelado, aunque muy amable. Desde la primera cita me hace desnudar completamente (salvo los calcetines) y me revisa los pechos y me hace abrir de piernas, no importa cuál sea la causa de la visita. Así me mide la presión y toma la temperatura rectal.
Al principio me dio un poco de vergüenza, pero ahora me excita. Él se mantiene en tono profesional y alejado, y eso es lo que más me excita.
No se lo he contado a mi marido.

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