La primera vez que la ví, penséque era una chica atractiva, pero poco más. Vino a hacer una pasantía al despacho en el que trabajo y me la asignaron para formarla. Contaba 24 años, de orígen latinoamericano y ruso, formada en Francia. Pronto fuimos adquiriendo cierta confianza el uno en el otro, básicamente porque es una mujer muy inteligente y ello daba pie a largas conversaciones sobre multitud de temas.

Yo estoy casado con la que es mi mejor amiga, y con la que he compartido más de diez años (tengo 32).

Un día invité a mis compañeros de equipo a tomar una cerveza a la salida del trabajo, pero todos declinaron la invitación por motivos diversos, así que nos prometimos salir otro día. Al cabo de una semana, fue ella quien me propuso de ir a tomar una copa -a lo que yo accedí no sin antes preguntar a nuestro compañero si se apuntaba, quien nuevamente declinó- y, finalmente salimos los dos, ya que ella insistió (debo decir en este punto que yo no sentía ninguna atraccción por ella).

Tras un rato charlando y un par de copas de vino, la conversación derivó de algo intrascendental, a una especie de confesión íntima de las virtudes y defectos de nuestras respectivas relaciones de pareja. Al cabo de un rato ella comenzó a hablarme de sus gustos en la cama, momento en que me dí cuenta que algo no previsto estaba sucediendo y, siendo yo su “jefe” en ese momento, me comenzó a preocupar. Acto seguido, me preguntó cuál sería mi respuesta si una chica me invitase a tomar una copa en su piso conánimo de acostarse conmigo…a lo que respondí que dependería de quién y cuando me lo propusiera. Pedí la cuenta, y me excusé diciendo que mi mujer me esperaba para cenar (lo cual era cierto).

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rene

Me dirigí a mi casa dubitativo y excitado a la vez por la idea de que tal vez esa mujer me había tendido una trampa -ojalá todas las trampas fueran así- sin haberme dado ni cuenta.

Las semanas siguientes salimos alguna vez más a tomar unas copas, y tengo que confesar que me enamoré de ella, perono tuve el valor de decírselo, además del hehco que setí dudas sobre si ella sentía atracción por mí, o todo eran imaginaciones mías -debo decir que es una chica guapa y bastante más alta que yo- lo que me hací pensar en que tal vez veía fantasmas donde no los había.

Ahora se ha ido, vive en París (bajo promesa de volver a Barcelona) y me obligó a prometerle que iría a verla. Dudo que hace porque creo que mi orgullo me impide arriegarme a coger un avión y volver con las manos vacías…pero quien no arriesga…