Mi “doble vida”, o como le suelo decir: mi placer por observar beldades femeninas creció sin imaginarlo.

En alguna ocasión, mientras llegaba a mi piso, le ayudé a abrir la puerta principal a una linda jovencita, le hice una broma en un tono algo coqueto y ella sonrió. Era nuevo en el vencindario, no conocía a nadie y esa fue mi primer acercamiento a una persona del sector.

Una noche, mientras salí a la terraza a fumar un cigarrillo, empecé a mirar a mi alrededor. Un piso más abajo, estaba una joven desnudándose para ducharse. Me acerqué con cautela y cuando la vi, casi me caigo para atrás. Era la joven con la que había intercambiado una sonrisa.

Es una mujer muy hermosa, tiene un cuerpo perfecto (sin las típicas exageraciones de las cirugías) su piel de un blanco mediterráneo. Cabello largo y muy negro, brilla con el resplandor de las luces de su dormitorio. Es fascinante verla mientras se desviste, cuando camina por la habitación totalmente en piel de Eva. No imaginan el placer que me da cuando sale sin toalla, con el cuerpo mojado. Ella no sabe que la observo (al menos eso pienso) permanece así hasta que su piel se seca sola. Luego se cepilla el cabello, se maquilla y solo cuando está lista, se viste.

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Reencuentro

No me masturbo cuando la observo. Después de todo ese tiempo, continúo con mi vida normal. Nunca me le he acercado. Quizás solo hemos intercambiado saludos: Buenos días, Buenas noches, etc. Tiene novio y yo esposa. Soy feliz con mi esposa y supongo que ella también con su pareja. El único placer al que me he acostumbrado ya, es a mirarla desnuda. Ni siquiera la he pillado teniendo sexo con su novio, quizás no lo resistiría o quizás sí, la verdad es que no lo sé.

Esto es algo que jamás había hecho y que nunca se lo había mencionado a nadie.