A mis 54 años me sigue encantando el sexo, como siempre. ¡Vaya secreto!. Diré que estoy casado y que mi relación sexual con mi esposa es bastante satisfactoria, pero eso no impide que uno tenga ciertos deseos calientes o sueños incumplidos. Además de nuestras relaciones físicas, a mi me encanta contarle periodicamente mis fantasías, y a ella (María) le encanta escucharlas: ambos nos excitamos mucho con este juego.

En una de las primeras fantasías que le conté, ya casados, le describí cómo mientras hacíamos un 69, con ella encima de mi, a cuatro patas, con su sexo sobre mi boca, un hombre la penetraban desde atrás, recibiendo ella así una fuerte estimulación doble con la polla de nuestro invitado dentro de su vagina y mi lengua recorriendo los labios de su coño y su clítoris. Esta fantasía era muy recurrente pues incluía elementos distintivos de mi personalidad sexual: la posibilidad de “ver” sexo en primer plano (soy voyeur empedernido), la “posesión” de una pareja sexual siempre dispuesta y difícil de saciar (¿el sueño de todos los hombres?), la aceptación más o menos clara de mi bisexualidad (demasiado cerca ese pene de mi boca, imaginad donde terminaba a veces), de mi sumisión, de mi deseo ¿consciente o incosnciente? de ser cornudo, etc.

Esta fantasía me ha dado y nos ha dado muchos y grandes momentos de placer. Como era tan recurrente y parecía una fantasía no tan descabellada (al fin y al cabo era un vulgar trío), seguí insistiéndole en que si un hombre que le gustase a ella se le insinuaba sexualmente, que no desperdiciase la ocasión de “probarlo”, y que la única condición por mi parte era que me lo contase antes o después de que sucediera.

Como las ocasiones rara vez aparecen por sí solas, pasé a insinuarle que fuera ella la que diese el paso de seducir a algún hombre que la excitara. Sus negativas constantes no enfriaban mi ánimo. Procuré deshacer algunos obstáculos que sabía que influían en su negativa, como asegurarle mil veces que yo no trataba en ningún caso de buscar una situación recíproca y que ella no tendría porqué aceptar que yo estuviera o buscara relaciones con otra mujer. El último obstáculo era su temor a las ETS y a las complicaciones que podrían surgir con desconocidos.
– María: “¿Tú crees que me voy a acostar con un chulo de discoteca, aunque me chorree el coño de ganas, sin pensar las consecuencias, solo por tener experiencias nuevas y por romper la rutina?”

Le hacía comprender que aunque desconocidos la mayoría de la gente es limpia, sana y no va de mal rollo. Como no había manera de romper su negativa, le propuse que lo intentara con algún conocido, quizás el marido insatisfecho de alguna amiga íntima.
– María: “¿Pretendes que publiquen en el pueblo que soy una puta que va por ahí calentando maridos?”

Por fin un día después de un nuevo orgasmo intenso (dedos en vagina; lengua en clítoris) en nuestra posición de juegos favorita, 69, fantaseando con más de lo mismo, me retó a que si yo quería de verdad que ella hiciese real esa fantasía, solo podría ser con una persona conocida pero de su máxima confianza y total discreción. No la dejé arrepentirse, dije SÍ de inmediato sabiendo que había sido un momento suyo de debilidad.
– Yo: “¿Julio, el marido de tu hermana? Siempre te gustó nuestro cuñado…”
– María: “De la familia ¿verdad?, estás requeteloco.”
– Yo: “¿Entonces?”.
– María (con voz indecisa): “Carlos, mi ex-novio. (Silencio)”.

Es cierto que no lo esperaba pero por supuesto que no dejaría pasar la oportunidad de dar salida a mi fantasía obsesiva. Ella me confesó que lo dijo pensando que yo desistiría. Carlos es amigo de los dos desde la infancia. Fue además su segundo novio, desde los 19 a los 23 años, y la había dejado marcada en muchos sentidos. Sexualmente le había enseñado todo y la había hecho ser una mujer abierta al placer.

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Emocionalmente, la dejó muy enganchada. María estaba muy enamorada de él y solo lo dejó por sus continuas infidelidades. Yo aparecí un año después de esa ruptura, le di la seguridad afectiva que María necesitaba y nos casamos en 2 años.

¿Sería Carlos, nuestro vecino del barrio y amigo, el hombre adecuado?. Yo había tenido celos de él en innumerables ocasiones, celos del pasado, pues es cierto que nunca había obsevado nada raro entre ellos desde que María estaba conmigo. Yo no estaba seguro de que María conservara aun algo de amor por él aunque hubiesen pasado unos 25 años, quizás por eso no se me había ocurrido a mi pensar en Carlos como posible “partenaire” sexual de mi mujer, pero debo decir que era la mejor opción posible:
A ella le gustaba físicamente, habían tenido complicidad total, y era cierto que, aunque mujeriego, era muy discreto. Carlos se había acostado con casi todas las chicas de nuestra pandilla, incluso las que tenían novio o estaban ya casadas, pero jamás alardeó de ello o se lo contó a nadie. Fueron ellas las que se dejaban “cazar” para luego contárselo a las amigas. Había dudas respecto de algunas porque ellas siempre lo habían negado y así no había forma de comrpobarlo.

– María: “¿No te molestará que haya pensado en él?”.
– Yo: “¿Cómo ha de molestarme si soy yo quien te incita desde hace años?”.
– María: “Cariño, nosotros disfrutamos de buen sexo. No necesitamos nuevos elementos en nuestra vida”.
– Yo: “No te preocupes, Mari. Será solo una prueba, un intento. Tú lo controlarás todo, llegarás hasta donde quieras, pondrás las condiciones. Si no te sientes cómoda, con cortar o con no repetir ¡arreglado!”.
– María: “Desde luego, sería muy fácil planearlo. En todos estos años que llevamos casados, aunque discretamente, Carlos se me ha insinuado repetidas veces. En cuanto le diera la más mínima pista, se lanzaría a por mi.”.

Sus ojos lo decían todo, ella también lo deseaba. Mis fantasías ahora sí podrían cumplirse. Sobre mi había poco que decir. El intensísimo orgasmo que tuve al masturbarme tras aquella conversación hablaba claro de mi obsesión por verla con otro.
– Yo: “Sabes que mi deseo es estar delante pero al principio no quiero estorbar, después de lo difícil que ha sido. Siéntete libre de planearlo como quieras, de hacerlo como desees, no me digas cómo va la cosa si eso te causa molestia… Solo espero que si llega a ocurrir, entonces sí me lo cuentes con detalle.”.
– María: “Déjame pensarlo, cariño. Después de tanto tiempo de negativas, no quisiera equivocarme. Mañana te doy la respuesta”.
No fue al día siguiente pero cuando yo volví a preguntarle me dijo que sí iba a intentarlo.
– María: “Siento una mezcla de atracción, incertidumbre y miedos. En condiciones normales sabes que no lo haría con él ni con nadie por respeto a tí. Yo te exijo fidelidad y estoy dispuesta a dártela. Pero si me pides algo tan insistentemente, también me gustaría complacerte y así posiblemente puedas abandonar esa obsesión”.
– Yo: “Se que tengo la mujer más buena del mundo y sabes bien cuánto te amo. No sufras por nada de lo que hagas o dejes de hacer; solo piensa en buscar tu placer, pues ese es también el mío.”.
– María: “Como tú mismo dijiste, ahora olvidaremos el asunto. No hablaremos de esta fantasía hasta que yo te vuelva a contar algo nuevo. Si me arrepiento o si ocurre algo con Carlos, te lo diré en su momento. De lo poco o mucho que ocurra, lo sabrás todo.”.
– Yo: “Hasta entonces solo verás en mi la normalidad. Espero demostrarte como cada día te quiero más y estoy más orgullosa de tenerte a mi lado”.

(Continuará)