Las dos semanas siguientes me provocaron una continua ansiedad y una excitación permanente. Observaba continuamente a María escudriñando cada detalle e intentando descubrir si había sucedido lo que yo tanto ansiaba que ocurriera: mi finalmente había estado con otro hombre para convertirlo en su amante.  Y si ese hombre que había mantenido relaciones sexuales con mi esposa era su exnovio Carlos, la cristalización de mi fantasía no habría podido resultar más perfecta. Pero por más que lo intenté no encontraba pistas fiables de que estuviera pasando algo, si bien cualquier indicio era suficiente para encender mi imaginación y para masturbarme frenéticamente a escondidas pensando en mi fantasía favorita, ya tan cercana a la realidad.

Una llamada desde su móvil a un número desconocido, salir a la calle con un tanga nuevo, o ponerse algo más de colonia de lo que a mi me parecía la normalidad, cualquiera de esas pequeñas cosas tenía que significar que ese día (o el anterior o el siguiente) era el día elegido para cumplir mi fantasía y reunirse con su antiguo novio Carlos y disfrutar las delicias del sexo furtivo con elhombre que ella había elegido tras años de espera y encima con mi absoluto consentimiento.

Justo cuando estaba empezando a relajarme un poco, que no a olvidar el asunto, un dia, mientras desayunabamos, me comentó tranquilamente.

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María: Tengo prisa, hoy tengo que ir a trabajar; ayer me hizo el turno Lourdes.

Yo: Pero si ayer sí fuiste a trabajar

María: En verdad, estuve en casa de Carlos: charlamos un buen rato y al final, sí, ocurrió lo que deseabas.

Yo: Lo dices como si hubieras ido al sacrificio. Espero y deseo que lo hayas pasado, que lo hayáis pasado bien.

María: Claro que no, cariño. Recordar viejos tiempos con viejos amigos siempre me ha gustado. No sabía que hacerlo en la cama de tu exnovio iba a ser tan excitante.

Yo: ¿Contenta pues?.

María: Se que quieres saber como me sentí, las cosas que hicimos y todo lo demás. Yo también quiero saber cómo te encuentras. Pero eso tendrá que esperar, ahora me esperan 7 horas de trabajo. Mi descanso (si así se le puede llamar) fue ayer.

Reconozco que estaba más guapa que de costumbre. Cogió su bolso y comenzó a andar hacia la puerta con paso firme. Solo por el hecho de haber compartido unas horas de sexo con un viejo novio y amigo y ya podía notarle cambios aparentes en su conducta. Estaba claro que ese reencuentro le había sentado divinamente.

Ahora, sin embargo, era yo el que sentía un raro cosquilleo en el estómago. Si hubiera sido en la cabeza, sería fácil suponer que eran mis primeros cuernos pugnando por salir. Pero ese malestar interior me duró varias horas. Tampoco podía dejar de imaginar cómo habría sido aquel encuentro que tanto me había costado propiciar. No tenía la más mínima duda que habrían disfrutado mucho ambos, volviendo a sus 20 años. Ni de que me habría sobrepasado como amante en todos los aspectos: presencia física, tamaño del pene, armas de seducción, tamaño del pene, creatividad, tamaño delpene, repertorio sexual, dominio… Tuve que ir al baño y encerrarme en el water. Como los detalles se me representaban cada vez con mayor claridad, comencé a masturbarme. Solo cuando terminé aquella insólita paja, y descargué toda mi leche en un intenso y solitario orgasmo, imaginando el encuentroentre Carlos y María, pude deshacerme de tan extraña sensación.

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Me vino bien, aquella paja, provocada por las imágenes casi reales de imaginar a mi mujer follando con su exnovio, me había sentado bien. Salí con paso más firme, menos ansioso, menos preocupado, no sería exagerado decir que salí contento. Lo que había que hacer, se había hecho. Cornudo al fin, después de tantas fantasías y tantos años. Y teniendo mi primera paja a costa del amante de mi esposa, y de mis primeros cuernos reales y consentidos.

¿Quién dijo arrepentirse y volver atrás? Nunca un paso atrás, ni para tomar impulso. Estaba deseando volver a casa, después de salir del trabajo y hacer la compra. Deseaba encontrarme a María y darle un abrazo de los de verdad y un beso grande, grande. Tomarla entre mis brazos, fundirme con ella y decirle “Gracias, muchas gracias mi amor por complacerme”. Preparar la cena mientras ella se ducha, y esperar con pasión que me contara todo, todo, tal como me había prometido. Me la pienso comer a besos, y a preguntas.

A vosotros, mañana os cuento cómo me ha ido.

(Continuará)