Soy una chica de veintitrés años que lleva siete años compartiendo su vida con un chico.

Hace dos años, me reencontré con una amiga de la infancia. Decidimos ir a tomar un café juntas y, allí, me confesó que la gustaban las chicas. Estuvo un rato contándome aventuras con varias chicas con las que había estado saliendo.

Me picó la curiosidad y la propuse quedar una tarde en su casa para probar qué se sentía al echarse un polvo con alguien del mismo sexo. Ella aceptó mi propuesta y me comentó que ese sábado estaría libre. Acordamos que yo iría a su casa a las 5 P.M.

El sábado llegó y yo estaba bastante nerviosa. Mi chico sabía que iba a ir a casa de una amiga, pero no lo que allí iba a tener lugar.

Llego a casa de mi amiga y ella me espera con una camiseta de tirantes que marca sus enormes pezones. Sentí que mi clítoris comenzaba a excitarse. Me dio dos besos y metió mi mano por mi pantalón. Notó que mis partes bajas estaban un poco húmedas.

Se desnudó frente a mí y yo, nerviosa, hice lo mismo. Me llevó hasta su habitación y me tendió en la cama. Se sentó encima de mi chochito y comencé a sonrojarme.

Empezó a pellizcarme los pezones hasta que se me pusieron bien duros. Yo me dejaba llevar. Cogió un vibrador que tenía guardado en el cajón y empezó a juguetear con él.

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La supliqué que chupase mi coño y, mientras lo hacía, pellizcaba mis senos cada vez con más fuerza. Empecé a gemir y me pidió que hiciese lo mismo con ella.

Después de eso, juntamos nuestros senos y apretaba mi cuello con una mano mientras metía sus dedos en mi clítoris. El aire me empezaba a faltar y bajó su mano hasta mis senos. Hice con ella lo mismo, aunque con una diferencia: yo apreté con un poco más de fuerza y, sin quererlo, la dejé inconsciente.

Empecé a follarla a mi antojo como si ya lo hubiese hecho más de una vez. Mi única intención era que se despertase.

Cuando lo hizo, se abalanzó sobre mí a hacerme lo mismo. Esta vez, ninguna de las dos se quedó inconsciente, puesto que, con la excitación de nuestros pezones, nos corrimos a la vez.

Después de los dos polvos que echamos ese día, no nos hemos vuelto a ver.

Recuerdo ese día con mucho aprecio y sé que, si mi amiga y yo volvemos a vernos, esto volverá a suceder.