Todo comenzó hace ya tres años.
Yo estaba felizmente unida a mi pareja, y estábamos en la flor de nuestra relación, pues hacía sólo año y pico que estábamos juntos. Recuerdo perfectamente que aún tenía esa necesidad de estar a todas horas con él, y lo feliz que me hacía en todos los aspectos. Por fin, había encontrado un hombre de los que te escuchan e intenta satisfacerte en todo lo que puede. Respetuoso, comprensivo y paciente. No se me podía ocurrir estar con alguien más completo que él.
Sin buscarlo, ni necesitarlo, y sin que conscientemente sintiera que alguno de los aspectos más primordiales en la pareja quedaba al descubierto, apareció otro hombre en mi vida, un compañero de trabajo, polo opuesto de lo que representaba mi pareja: temperamental, con mal carácter, inseguro y egoísta. Mientras él llevaba algunos meses intentando echar el anzuelo sin éxito, yo vivía ajena a sus deseos e intenciones sin percatarme de nada en absoluto; hasta que un día, y dado que sus acercamientos eran cada vez más evidentes, empecé a sospechar que no era sólo alguien que había encontrado afinidad conmigo y que me rondaba para echarse unas risas en nuestras jornadas de trabajo. Entonces, sentí miedo o esa especie de nudo en el estómago por lo que intuía se estaba avecinando…pues fue descubrir sus intenciones y florecer en mí por primera vez algo: no sé si atracción sexual o simplemente el verme gustada por otro con la consiguiente subida de autoestima lo que me arrastró más y más.
A las dos semanas aproximadamente, nos liamos por primera vez. La siguiente tardó algo en llegar, porque parece que ambos andabamos temerosos de que aquello no fuese sólo un beso esporádico. Él tenía novia también. Después de ese segundo encuentro, no tardamos en proponer un tercero, un cuarto…hasta que fue imposible dar marcha atrás.
Al poco de iniciar la relación, un mes después, yo quedé embarazada de mi pareja. No sabía como decírselo a mi amante, supongo que porque ya empezaba a sentir por él y no quería perderle. No encaje bien mi embarazo, pues estaba empezando a sentir cosas fuertes por mi amante y aunque aún no tenía nada claro con él, no era el momento más propicio para emprender un proyecto personal de tal envergadura. Pero continué con mi embarazo, y con dos hombres en mi vida. Al principio, mi amante no quiso continuar pero cuando vió que las ganas por él no se me habían terminado y que yo no quería que se alejase, decidió seguir a mi lado, pues no se veía capaz de olvidarse de mi para siempre.

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Pasó el tiempo y mi pareja se enteró de lo ocurrido. Fue todo un drama. Allí empecé a abrir los ojos y a sufrir por el que menos lo merecía. Tras lo ocurrido, le propuse a mi amante, que dado que nos habían pillado, y que yo no amaba ya a mi pareja y no quería vivir una mentira, que intentáramos salir adelante con nuestra relación aprovechando la coyuntura. Pero él me tachó de loca y me dijo que no era el momento y que podía meterme en un lío. Que pensara en mi hija. Aunque me lo tomé mal, luego recapacité y agradecí que él tuviera más cabeza que yo. Soy muy impulsiva, y quizás me estaba precipitando. Con el tiempo, me dí cuenta, de que no fue más que una más de sus excusas para no irse conmigo.
La relación, aunque más cautamente, continuó. Tuve a mi hija. Nos volvieron a pillar in fraganti…pero nada nos frenó…tras mi baja maternal me incorporé al trabajo y poco a poco volvimos a las andadas aunque eso sí, yo empezaba a sentir que no quería vivir así mucho tiempo más. La culpa y el miedo no me dejaban ser feliz. Había perdido las riendas de mi vida y perdido la dignidad y me sentía horrorosamente mal conmigo misma; hice cosas que jamás hubiera imaginado y me sentí humillado y “maltratada” en muchas ocasiones. Creía que él algún día cambiaría, o mejor dicho, que dejaría todo y se tiraría a mis brazos y tragué y tragué por ver llegar ese momento. Pero él nunca tuvo el arrojo ni la valentía de dejar a su novia y empezar una relación con una mujer que tenía una hija de otro. La rabia le devoraba, y prefería vivir sin lo que más deseaba, antes de caer tan bajo y quedar ante todo y todos, como un huevon.
Nuestros sentimientos crecían día a día y él vivía por y para mí. No hacía vida con su pareja; aparecía inesperadamente en los lugares donde yo estaba etc, etc…y ambos teníamos sentimientos muy fuertes hacía el otro…Por eso, nunca entenderé el porqué de su cobardía.
Hace un año decidí coger las riendas de mi vida, e irme del trabajo para construir un proyecto profesional que hace tiempo tenía en mente; pero, y dado que no había posibilidad de formar nada , tomar distancia de él me vendría muy bien y me ayudaría a terminar con aquello.
Estuve un par de meses aún viéndole, a pesar de mi desagrado, y de las innumerables veces que le pedí acabar con aquello. Él no entendía porqué y me insultaba o me faltaba el respeto cada vez que le decía de acabar. Yo sólo quería acabar como personas adultas y que entendiera que aquello no nos hacía bien a ninguno. Por encima de todo, no quería que me guardase rencor. Él quería seguir por el camino de la mentira y yo quería tomar el de la libertad y la tranquilidad…pero a pesar de mis intentos y de lo que me esforcé en acabar las cosas bien, las cosas terminaron de forma drástica, triste y sin un ápice de amor y de comprensión después de casi 3 años de amor y de pasión.

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Un dia en el cine

Ahora ha pasado un año y no sé apenas de él. Ha intentado establecer contacto, cobardemente, en dos o tres ocasiones pero no ha tenido respuesta. A día de hoy, aunque en menor medida, sigo llorándole y pensando en él. A pesar de los pesares, recuerdo con cariño los días a su lado…a pesar de las lágrimas que derramé, de lo sucia y humillada que me sentí muchas veces…le echo de menos. También me hizo vivir momentos inolvidables. Me hizo sentir la mujer más especial del mundo.

Hoy, sigo con mi pareja, pero sigo sin recuperar mi apetito sexual por él; muchas veces siento que sigo viviendo una mentira…es una pena porque tengo al lado a una persona excepcional, que ha demostrado que me ama sin límites y que sabe perdonar hasta la más grande de las traiciones. Me lo da todo y me siento muy satisfecha en todos los terrenos, excepto en el sexual….todo por alguien que entró un día, revolvió mi “casa” y se marchó por donde vino. Todo por un cobarde.