Por Anderson…
A mi vecina la tenia en la cima de las imágenes mas excitantes desde hacia varios años, era la causante de mis continuas sesiones de manoseos en mi miembro. Eso y nada más hasta cierta noche.

Me di cuenta que unas chicas la bajaban de un auto y luego la entraban a su casa. Ella estaba notoriamente ebria. No tardaron mucho en salir estas chicas de la casa.

Para entonces yo ya habia entrado a la casa de ella. Sus padres me tienen una gran confianza al punto de ciertas veces invitarme a comer. Fue asi como logré sacar una copia de la llave de la puerta principal y de la de su o más bien mi santuario de fantasias: su cuarto. Hasta entonces solo usaba la llave para husmear en sus bragas y todas sus petenencias. Pero aquella noche habia sido mi oprtunidad. Esto sonara un poco perturbador o quizas para los mas avidos les paresca gracioso, pero en fin no es de alarmarse. La defensa que habia construido al instante en que las habia visto salir a estas chicas de la casa fue la siguiente:usaria, para cubrirme el rostro un paty-medias de ella, que habia hurtado cuando no habia nadie. Por cierto la palabra hurtado suena tan agradable cuando se trata de algo intimo que usan las muejeres. Entonces si llegaria a ocurrir algo, debido a que no sabe quien soy, serian personas de aquella fiesta que tuvo los primeros sospechosos.

Bien ya conociendo mi plan continuare el relato. Entrar me fue facil. Pero cuando entré a su cuarto senti una atmosfera

Entrar a la casa me fue fácil, pero cuando entré a su cuarto sentí una atmosfera de miedo, una perturbadora emoción de regodeo. Después de tanto tiempo de espiarla por fin la tenía tan cerca. Ella estaba prácticamente tirada en la cama de espaldas con una pierna abierta y la otra recogida. Llevaba puesto un vestido: un poco ceñido a la cintura y suelto con ondulaciones por debajo de las caderas. Empecé a gatear para acercarme. Es necesario confesar que el más mínimo movimiento me parecía divertido y digno de miedo. Cuando estuve cerca quise rosar mi mano desde sus dedos, pintados de azul verdoso, hasta llegar a su ondulado cabello y hacerle una cola, y sujetarlo con fuerza. Sus piernas eran unos muslos blancos, rosaditos y debajo de su cintura había un voluminoso bulto cubierto por las ondulaciones de su falda. Sus nalgas. Quería verlas pero debía ser precavido. Otra vez gatee y sentí las mismas emociones que la primera vez: miedo y diversión. Le vi el rostro. Era hermosa. Su cabello ondulado se regaba por sus hombros descubiertos, que por un momento pensé en besarle. Todo su cuerpo me enloquecía. Era una inspiración del mismo deseo. Ella olía a alcohol. Nos e levantaría aunque prendiera música a todo volumen. Era mi oportunidad, mi única oportunidad. Entonces al verla en ese estado me erguí física y moralmente. Volví al otro extremo de la cama, para apreciarla mejor y cuando estuve ahí levanté las ondas de su falda que parecían unas olas que cubrían sus prestigiosas nalgas. Estaba empezando a sudar. Me quité la máscara.
Ella usaba un calzón negro lo que hacía más atrevida su postura. Tenía las nalgas húmedas, transpiradas lo que hacía que la separación de la pierna con el volumen de su nalga se tornara más excitante. Quería bañarme de su sudor. Inhalé intentando contener todo este delicioso aroma que estaba frente a mí a escasos centímetros de mi nariz. Finalmente rose su nalga con mis labios. Aunque sabía que no se levantaría me detuve a verla. Nada, estaba dormida. Entonces, continúe con más apego. Besé la cumbre de sus nalgas y me sobresalté cuando vi que recogió un poco su pierna, casi presionándola contra la sabana. Algún sueño mórbido fue lo primero que pensé. Que grato que era conmigo el destino. Tomé más confianza. Le fui bajando lentamente el calzón y me detuve cuando ya me era posible ver esa rosa que había querido oler desde hacía mucho tiempo. Acerqué mi rostro. Tenía la vagina depilada y al verla un momento me dio la sensación de que ejercía sobre mí un enorme deseo de poseerla y me pareció un acto frenético y abrí mi boca como si fuera a morder una manzana y la besé en el epicentro de sus nalgas donde se encuentra el dolor y el placer. Mis manos para cuando me percaté la sujetaban de la cintura como para acercarla aún más pero esto no era necesario; ella se movió haciendo de su cintura un arco contra la cama haciendo más voluminoso su atributo. Ella empezó a empuñar la almohada que tenía en sus manos y este acto me era enloquecedor, más aun cuando empezó a hacer unos meneos con sus nalgas. Debía poseerla antes de que despertara del sexo alucinado en su mente que al parecer había amainado desde hace mucho; o peor aún de que la estimulación que me producía me hiciera terminar en el calentador. Cerré sus piernas para quitarle por completo el calzón. Intenté no ser tosco. Ya para entonces el frenesí de querer tenerla me había consumido y el miedo se había convertido en un elemento de la excitación. Me subí a la cama. La volví a mira en su rostro se veía la complacencia pura. Yo tenía un calentador como ya he dicho por lo que no tardé en quitármelo seguido después del bóxer. Creo que el momento más excitante es cuando por primera vez colocas tu miembro en la orilla de su vagina porque así fue para mí. Y cuando lo introduje era como entrar en una dimensión desconocida, misteriosa, que sucumbe al éxtasis. Lo metí y sentía como sus labios vaginales me absorbían, no solo a mi miembro sino a todo mi ser. Dentro de ella estaba completo, conforme de existir, de estar en aquel momento, de haberla codiciado durante tanto tiempo, de ser yo. Empecé a ejecutar el movimiento inspirado en los perros. Ella gemía levemente, eran unos suspiros que si pudiera atrapar en mis manos lo haría para luego aspirarlos y oírlos regocijándome cuando estuviera solo. Me apegué a su espalda y sentí que debajo de mi ombligo estaba su voluminosa nalga frotándome. Oh… su cabello alborotado olía a carmesí y como ya lo había pensado lo sujete con fuerza si jalarlo de su raíz y fue ahí cuando vi su cuello sudoroso con un olor tan propio de ella. Estaba traspirando y ella también mientras el acto sexual era celado en aquella habitación por todos los objetos que la componían. No quería despegarme de ella nunca. Apreté, con la mano que tenía libre su mano y sentí su presión, su calidez. Era un acto puro y fascinante de placer. Cuando terminé dentro de ella me quedé debilitado, estaba extasiado de haber bebido de ella, quien para mi sorpresa abría los ojos.
Sus ojos claros divagaron de un lado a otro hasta que me vio y en segundos la reacción fue un empujón, con tal fuerza que me arrojo de la cama. Se miraba aturdida, al parecer entre borrosa o más lucida de lo normal no podría definirlo bien. Luego se levantó bruscamente y al volver a verme empezó a buscar con desesperación algo en su cajón. Era una enorme tijera de costurera.
Yo aún estaba empañado del éxtasis que ella me había producido pero logré reponerme. Me cubrí el rostro con una mano. Cuando me estaba incorporando me amenazó con el arma en mano.
 ¿Qué haces aquí?, ¿Cómo entraste?-le note un deje de pánico en su voz. Si yo hacía un brusco movimiento, ella se dispondría a atacarme.
Intenté buscar la máscara, que había usado para entrar en el suelo y como es común la urgencia me hiso entrar en miedo. Pero yo no estaba en posición de sentir esas emociones. Si me mostraba así la situación se tornaría más grave.
Ella estaba enfurecida y quizás con mayor aplomo porque se atrevió a bajarme la mano con la que me cubría el rostro. Todo estaba perdido. Me levanté, no podía articular una sola palabra. De repente vi la máscara en la cama. La cogí. También tome mi calentador y me lo puse, el bóxer decidí llevarlo en la mano. No había tiempo para ponérmelo. Esto fue rápido y como recuerdo temblaba. Finalmente salí de su casa.
Quizás ella no dijo nada más porque estaba consternada de lo que había sucedido o quizás porque empezaba a recordar que en su subconsciencia había sido cómplice. Que nada del placer que había sentido era producto de un sueño. No hay nada más delicioso que la satisfacción de un sueño mezclado con la realidad.
Durante los días solo contaba las horas en que mis padres se abalanzarían contra mí por el acto que había cometido, en que la policía me arrestaría por violación. Tuvo que pasar un mes entero de martirio psicológico y de continuas esquivadas de cruzarme con ella en la calle, para que despejara la duda que había sembrado en mí desde que había terminado dentro de ella. ¿Lo habrá disfrutado como yo? Es claro que todo hombre cree eso después de estar con una mujer. Es un pensamiento meramente machista. Pero el que no lo piensa de esta forma será atormentado por esa cuestión. Pero esta vez así lo era. La respuesta la supe cuando la vi en el frente de su casa y me miró y me sonrió picara.
El orgasmo es una alucinación sexual que quizás movida por su ebriedad, que deja desprotegido a todo ser que cubre su ansiedad, su deseo, sus pasiones con engaños asía sí mismo o con modales que vuelven pecado al mínimo suspiro del placer. Entonces al estar desprotegido, el orgasmo, de toda esa barrera de la moral yo la habría complacido la había sacudido al punto de la explosión.

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